Sábado 16 de enero de 1982, Circuito Poetas 30-A

No recuerdo muy bien lo que pasó todo el día ni tampoco recuerdo muchas cosas antes de esa noche pero recuerdo que era muy tarde ya y mis papas habían recibido gente en la casa por motivo del cumpleaños de mi mama. Por otro lado mis hermanas, pubertas entonces, se habían ido de fiesta con sus amigos por separado.

 

Después de un tiempo y ya casi entrada la madrugada del domingo, recuerdo perfectamente que me encontraba en el estudio viendo una película de Olga Breeskin en la cual ella audicionaba con su violín en un teléfono público. Nuestra trabajadora doméstica se encontraba dormida también en el estudio.

 

Realmente no recuerdo que fue o porque me encontraba despierto tan tarde pero si recuerdo que, como es mi costumbre, me levante del sillón del estudio para bajar a la cocina y servirme un vaso con agua ya que siempre tomo agua. Al bajar a la cocina noté que todas las luces de la casa estaban prendidas, desde la cochera, la entrada principal, el pasillo de la planta baja, comedor, sala, corredor de la planta alta, todo estaba encendido, así que me dispuse a apagar las luces dejando encendidas solamente las luces de la cochera y de la puerta principal.

 

Pasó el tiempo, no sé cuánto, pero obviamente el agua hizo efecto diurético y me levanté otra vez al para ir al baño. En esta ocasión me percaté con mucho temor que había hubo saliendo de las boquillas de las luces del techo, un olor muy fuerte a hule quemado me golpeó el olfato y a pesar de que no vi fuego, lo único que se me ocurrió en ese momento fue llamarle al Sr. Raúl Camacho. Él era nuestro vecino en colina de la paz en boulevares y no sé porqué se me ocurrió hablarle a él ya qué ni siquiera estaba seguro que lo encontraría suponiendo que se habría ido con mis papas a celebrar el cumpleaños de mi mama al restaurant Cicero Centenario que se encontraba en el centro de la ciudad.

 

No recuerdo que hora era pero a pesar de eso me contestó y le expliqué lo que estaba viendo, así que me dijo que despertara a mi hermano y saliéramos de la casa. Empecé a abrir las ventanas para ventilar la casa pero en lo que lo hacía Raúl Camacho ya había llegado así que subimos por mi hermano quién estaba dormido y lo subió al auto. No recuerdo que le dijo a Juanita, nuestra trabajadora domestica pero el perro y el gato salieron huyendo.

Nosotros éramos amigos de los hijos de Don Raúl después de tanto tiempo de ser vecinos anteriormente, así que nos recibieron bien pero un poco extrañados por las razones. Solo recuerdo que Don Raúl le comentó a su esposa, Paty, que regresaría a la casa para ver si podía llamar a una patrulla o los bomberos para revisar la casa. Nosotros seguíamos despiertos con Gerardo y Raúl Jr. Sin saber que ocurría pero sí recuerdo que una vez que sonó el teléfono, la señora Paty contestó y gradualmente sonaba angustiada respondiendo a lo que aparentemente Don Raúl le comentaba.

 

Al día siguiente solo recuerdo que llegaron nuestros papas y tal cual los deje la noche anterior, llegaron por nosotros, mi mama seguía vistiendo su abrigo de piel y tras bajar las escaleras, nos sentamos en la sala de los Camacho y nos dijeron que la casa se había quemado.

Tras bambalinas

Obviamente mi hermano y yo nos perdimos de muchos sucesos tras que la casa se empezó a incendiar así que solo relato lo que mis hermanas y mis papas nos hicieron saber.

 

Mis hermanas se encontraban en fiestas por separado así que de igual manera llagaron a casa por separado. No recuerdo quien llego primero pero si sé que algo ayudo mucho a que no pasará algo más grave y es que ambas salían con jugadores de futbol americano. Por lo menos a una de ellas la salvaron de cometer la imprudencia de meterse a querer apagar la casa usando la manguera de la cochera cargándola en hombros y sacándola de ahí. También ayudaron a sacar el otro auto de la cochera tirando la reja y tan solo entre varios logrando que rebotara y así sacarlo.

 

Mucha gente en satélite salió de sus casas y observaba como la casa empezaba a quemarse esperando que llegaran los servicios de bomberos de Naucalpan, para lo que desgraciadamente las bombas no servían y no pudieron hacer gran cosa. Siendo todavía más dramático el hecho de que mi tío abuelo, el ex comandante Adolfo Moreno (q.e.p.d.) y quien ya era retirado y jubilado del cuerpo de bomberos y dueño de la Arena de lucha libre de Naucalpan, no pudo hacer nada por gente de su familia y solo pudo ver que se consumía la casa y observando que al final algunos amigos y vecinos ayudaban con cubetas de agua a apagar lo que se podía.

 

Dado a que en esos tiempos no había teléfonos celulares para localizar a la gente en casi cualquier lugar, no había como notificar a mis papas de lo que sucedía. Solo al irse acercando a la casa se dieron cuenta de lo que pasaba para encontrar con terror que la casa estaba incendiándose y más aún sin saber por momentos si sus hijos estaban bien o no.

 

Afortunadamente Don Raúl recibió a mis hermanas también y una de ellas estaba ahí y otra estaba con una tía que vivía cerca, además de que Don Raúl nos tenía a mi hermano y a mí desde mucho antes en su casa. Aunque eso alivio a mis papas no podían dejar de pensar en lo que hubiera pasado de no haber sido así y ahora solo podían ver como se consumía la casa sin poder hacer nada para evitarlo.

Investigación

Curioso es que no me conformaba con saber que la casa se había incinerado como me lo comentaban mis papas, yo quería ir a la casa a verlo por mí mismo. Mis papas obviamente no querían llevarme por cuestiones obvias. Pensaban que el impacto psicológico sería demasiado para mí y que no era prudente, por lo menos no tan pronto. De alguna extraña manera solo pensaba en ir a ver la casa y hasta después de algún tiempo, no sé cuánto, mis papas por fin decidieron que fuéramos. Yo recuerdo llegar a la casa la cual no tenía puertas, llena de cenizas sobre las que teníamos que caminar. La sala simplemente no existía, ni vidrios, ni el candil, ni el órgano, ni los muebles, solo paredes tiznadas. El comedor no existía tampoco así como la famosa y tan querida cantina de mi papa que se encontraba en el pasillo principal. En la planta alta encontré la misma situación, en la recamara de mis hermanas, la de mis papas y el estudio. Pero la recamara de mi hermano y mía fue totalmente una sorpresa muy extraña.

 

El closet, las camas, la repisa así como un escritorio que teníamos, eran obviamente de madera, pero no se encontraban consumidos totalmente, cosa que se me hizo muy extraña porque todo lo demás en la casa fue calcinado en su totalidad. Mi cama tenía debajo un avión de motor de gasolina, el cuál tenía el tanque lleno más un tanque extra todo justo debajo de donde yo dormía. La cama tenía un hoyo que parecía haber sido hecho por el flamazo que dicha gasolina provocó al encenderse. Casi todo lo demás se encontraba tiznado, lleno de cenizas, pero muchas cosas todavía eran rescatables, algunos juguetes que podrían ser limpiados y así varias cosas de la recamara. Mis papas no nos dejaron sacar mucho pero trate de sacar lo más que pude, algunas cosas no se podrían rescatar porque el calor, mas no el fuego, hizo que muchas cosas de plástico se deformaran y se pegaran unas a otras dejándolas inservibles.

 

Una de mis incógnitas era porqué se habría quemado la casa y aún a mis escasos 10 años, mi curiosidad me llevó a la cocina, donde encontré una situación parecida a la de mi recamara y que me dejaba con mucha más duda. La cocina solo estaba llena de ceniza, tiznada también. ¿Por qué la cocina no se quemó de tal manera que se viera, sino calcinada o totalmente consumida por el fuego, por lo menos deforme tras la alta temperatura que el calor del fuego causara al metal de lo que estaba hecha la mayoría de la cocina? También me asalta la duda de porqué las cubiertas de conglomerado de madera también no pudieron haber desaparecido o se hubieran consumido.

 

Me causó más duda y curiosidad todavía ver sobre uno de los muebles de la cocina una botella de Coca Cola de litro completa y cerrada, siendo que en ese entonces las botellas de Coca Cola eran hechas de vidrio y ni con el calor del incendio explotó, ni siquiera se abrió. Todo eso me llevo todavía más a fondo, encaminándome hacia la alacena, el closet de la codina donde teníamos nuestros abarrotes era grande y con muchas repisas de pared a pared. Todo el cuartito estaba conformado por repisas y en la parte superior, como en casi todas las casas de ese tipo, se encontraban los interruptores que comúnmente se llaman “breakers” o “switches” de paso. Estos, se sabe, se apagan automáticamente al registrarse un pico de corriente o alteración para evitar una sobrecarga y provocar cortos circuitos, o ciertamente si algún aparato doméstico sufre de un corto circuito, estos interrumpen la corriente por secciones para que se corrija el error y no haya un problema más grave.

¿Por qué me causó curiosidad a los 10 años y según yo sabía que debía revisar eso? Fui directamente a revisar los interruptores y todos estaban arriba, prendidos, si hubo un pico de corriente que provocara la sobrecarga del sistema lo cual calentara la instalación lo que a su vez fundiera los aislamientos y provocando el incendio, los interruptores lo permitieron porque jamás se botaron apagando el sistema y dejando que la corriente siguiera sobrecargando el sistema hasta provocar el incendio.

 

¿Pero porqué la cocina nunca tuvo ninguna explosión siendo que circula gas? ¿Porqué mi cuarto no se consumió si había gasolina para mi avión? Estas son preguntas para las cuales jamás obtendré una respuesta y que a mis 10 años me atormentaban y hoy en día siempre serán un misterio.

A dónde ir

Los primeros meses, no recuerdo exactamente cuántos, mis abuelos maternos nos dieron asilo en la casa. Con la pequeña inconveniencia de que ya de por si vivían ahí mi tío Arturo, mi tía Silvia con Aydee y Piky recién nacido y mi tía Lourdes. Así o más? Ahora que para esto mi tía Silvia tenía un departamento que el susodicho Ernesto (a.k.a. Papo) le había comprado y acondicionado a Silvia en Viveros de la Loma y el cuál no ocupaba, ya que prefería estar pegada a mis abuelos, por muchas conveniencias. Por esto mismo prefirió prestárnoslo que mudarse ella a su propio departamento. Esto no sin antes de haber pasado por otros meses como inquilinos pegados de mi tía Rosa María en su departamento en Rio de la Plata en la Juárez. Esto era más que incomodo porque el departamento era muy chico y siendo tantos se hacía muy difícil estar ahí, además de que para mis papas era complicado llevarnos a la escuela diario.

Yo no recuerdo cuanto tiempo dejé de asistir a la escuela pero sé que fue bastante y solo recuerdo que de no ser por mis amigos no hubiera rescatado el año escolar. Héctor Bedolla, Hector Aguilar y Fernando Perezpalacios me copiaban a mano los apuntes de las clases diario y me las hacían llegar, también me ayudaban a estar al corriente por teléfono al igual que Oscar Cerón y muchos otros.

 

Recuerdo muy bien que mi tía Sonia junto con mis primos Bere y Alan, me trajeron bolsas llenas de algunos juguetes que pudieron rescatar y limpiar de lo que recolectaron de nuestra recamara. Y así más quería yo ir a la casa.

 

No recuerdo que tanto tiempo pasamos tanto en casa de mi abuela, el cuál sé que fue menos que en el departamento de Rosa y menos que en el de Silvia, pero ciertamente fue muy difícil porque nunca es igual que estar en tu propio espacio y hogar. Más cuando los que “de buena voluntad” te alojan, se empiezan a incomodar con sus inquilinos. Se hacían más obvias las incomodidades y yo pasaba por un momento mucho muy difícil ya que para mí era tortuoso saber que mis papas salían en la noche y me podía quedar despierto toda la noche hasta que llegaran.

 

Precisamente por evitar lo más que se pudiera que estas incomodidades hicieran más difícil nuestra estancia en cualquiera de los dos departamentos, mis papas preferían que justo al terminar clases los viernes, nos recogieran en la escuela y de ahí salir directamente a Avandaro donde todavía había un lugar donde nos podíamos sentir en casa.

 

Nuestra casa en el club de golf de Avandaro era literalmente nuestro hogar dado a que lo que había ahí era lo único que nos quedaba. Desde ropa, utensilios de cocina, muebles, etc. No teníamos más que lo que nos quedamos puesto y lo que sobrevivió en esa casa. Así pues cada fin de semana llagaba el viernes y salíamos a carretera directamente y a veces en los dos autos dado a que en muchas ocasiones iban con nosotros nuestros primos, tias o algunos otros amigos de la familia. Era nuestro lugar para olvidar la carencia por la que pasábamos y el golpe bajo de haber perdido todo. No sabíamos o por lo menos no esperábamos que eventualmente comprobaríamos que el dicho “los bienes sirven para solucionar males” se nos haría evidente y factible.

 

Después de mucho tiempo de estar rebotando de casa de mi abuelita al departamento de Rosa María y finalmente al de Silvia, se acercaba el momento de regresar a casa. No sin antes vernos en la necesidad de deshacernos de nuestro refugio y único remanente de lo que éramos antes de tan lamentable suceso. Mi papa tuvo que vender la casa de Avandaro.

 

Fue doloroso pero necesario ya que los gastos de la reconstrucción de la casa eran altos y ya nos estaban presionando a dejar el departamento, como si no bastara la desgracia, aún los favores tienen límite de tiempo y falta de comprensión y hasta de paciencia. Aún cuando me había quedado sin muchas cosas así como mi hermano, mis hermanas y mis papas, fui descubriendo que mi tía Silvia había saqueado de la manera más vil juguetes que se habían salvado y que con una leve limpieza, se los llevaba a Ernesto, quien llevaba meses de haber nacido. ¿Cómo me di cuenta? Era tan fácil darse cuenta que una pequeña camionetita de safari color verde claro que era replica de una Mercedes Benz y que le faltaba el techo de plástico, solo tenía una leve limpiada del hollín del que se había manchado y que siendo de metal no había sido deformada. Así que de manera furtiva me introducía de vez en cuando a la recamara de Silvia, Aydee y Piky y ahí encontraba carritos de metal que solo habían sido limpiados levemente para que los heredara mi primo.

No bastaba con haber pasado por tal adversidad sino que además tendría que venir algo más. Mi papá sufriría de parálisis facial parcial, esto es que se le atrofiarían los músculos faciales por causa de tensión nerviosa y estrés solo de un lado de la cara. Para lo cual se tuvo que tratar con acupuntura en sesiones que le ayudarían a que se des atrofiara lo más que se pudiera pero no al 100%, y todavía más irónico, le atacara después del otro lado de la cara. Todo esto golpeó a mi mama llevándola a crisis muy fuertes que también la mandaron a cama y con medicamentos para tratar su problema de espalda y depresión.

 

Mis hermanas trataban lo mas que podían y mi hermano y yo tratábamos de estar lo más tranquilos posible pero era muy difícil. Tras de la enfermedad de parálisis facial de mi papa, su condición cardiaca se complicaría también y tener que vender la casa de Avandaro nos causaría mucho impacto.

 

Recuerdo que justo antes de dejar la casa de Avandaro, se hizo un enjambre de abejas en la puerta exterior de la cocina y veía como dejábamos ese lugar pero no veía como nos iba a pegar más adelante.

 

Fueron muchos buenos momentos en esa casa, desde fiestas, cumpleaños, posadas, inicio de año, hasta momentos dramáticos y momentos de relajación.

Mientras caminábamos hacia el club de golf, se nos ocurrió atravesar el campo mismo y en una pequeña lomita del green, escuchamos el grito que pegan los golfistas antes de hacer un tiro largo, pero apenas lo oímos y nos agazapamos tras la lomita pero cuando me quise reincorporar y poner de pie, mi pierna izquierda simplemente no respondió y con un dolor que llegó después vi que tenía una incrustada en la pierna una pelota de golf. La pelota estaba en mi pierna de tal forma que nada mas se veía la mitad y cuando la quite fue como quitar una ventosa de un vidrio. Al quitarla me dolió pero se me adormeció el resto de la pierna y se empezó a poner morado todo el cráter que hizo la pelota. Enseguida llegaron los jugadores y trajeron un carrito para llevarme a algún lugar seguro pero también nos regañaron. Estuve inhabilitado todo ese fin de semana. De hecho, creo que me quede con la pelota pero no sé donde quedó. =}

Regreso

 

El regreso a la casa de Poetas fue como algo raro, ya que aunque estaba como nueva se sentía una especie de falta de identidad con ella. Obviamente, los muebles que teníamos en Avandaro nos sirvieron para poder habitarla casa reconstruida y de alguna manera tener un poco de sentido de pertenencia. Económicamente las cosas no estaban nada bien, ni familiarmente ni en el país, tras una de las devaluaciones más dramáticas que el país ha tenido y luego de semejante problema, el que no quedaran fondos de ahorro, pues la situación iba causando mella en la salud de mi papa.

 

La casa se sentía rara y con un efecto muy raro en nosotros, diferente no solo por las remodelaciones y readaptaciones hechas por el propio diseño de mi papa como hacer cerrar la chimenea y en su lugar poner la cantina que un carpintero el confeccionó a mi papa a partir de un diseño que él hizo. La cocina si tendría un cambio radical, de una diseño prediseñado para la casa con aspecto “moderno” al diseño tipo early american que cautivo a todo mundo ya que le daría una calidez que la cocina anterior no tenía y que ahora invitaba a la gente a que la cocina fuera punto de reunión. Además de que no teníamos sala y el espacio del comedor le quedaba grande al comedor que teníamos en Avandaro.

 

Mi papa le nació un especie de gusto extraño por tener espejo gigante en la casa y mando poner un espejo gigante de pared a pared y de piso a techo en el cubo de la escalera, el cuál era bastante grande, lo suficiente como para que un espejo de una sola pieza no fuera posible, así que se compuso de cuatro piezas lo que de alguna manera extraña formaba una cruz donde los espejos inferiores eran más grandes y por consecuente más altos y los superiores eran más chicos y mas pegados al techo. En el punto donde convergían las cuatro piezas se encontraba una lámpara además de los cuatro traga luz que proporcionaban iluminación natural además de la luz de tubos de neón.

 

Dado a que los tubos se solían deteriorar y a veces no hacían contacto, la luz no se encendía inmediatamente y se tardaba unos segundos, sino a veces minutos para prender, así que cuando bajaba por mi vaso de agua prendía la luz que se encontraba clavada en el espejo. El problema era cuando se fundía el foco de esa lámpara. Solo podía llegar la luz del corredor y si no había luz en la parte de abajo pues si daba un poco de miedo bajar porque la obscuridad abajo era un tanto perturbante. Esto porque en un par de ocasiones observe como se trasladaban unas siluetas blanquecinas desde la cocina a la puerta principal reflejadas en el espejo. No sé si en realidad era parte de mi imaginación, efecto del espejo o qué.

 

Una noche me levante al baño y de curiosidad me asomé al cuarto de mi mama, no recuerdo para qué pero vi a mis dos hermanas y mi mama agazapadas al pie de la ventana en el extremo izquierdo como espiando a algún vecino. Me acerque y las vi que estaban angustiadas porque mi papa no llegaba y ya era bastante tarde pero además se podían escuchar gritos desde una casa de delante de la nuestra.

Recuerdo haber escuchado claramente la voz de una mujer y un hombre gritándole a alguien más “No lo hagas, no lo hagas por favor!”. Después de eso escuche dos disparos y todos nos quedamos aterrados, el hombre gritaba “¡no!” y después de otros dos disparos, no se volvió a escuchar nada.

 

No duramos mucho más en esa casa y después de platicarlo todos, se decidió mudarnos de regreso a Boulevares. ¡Bien lejos!

 

Pedro Tovar López

 

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