Cuando el Papa tocó mi corazón

Hay historias y anécdotas que te quedan en la memoria, pero hoy otras que te quedan en el alma y en el corazón…

 

Son las 8 de la mañana y mi mamá grita…”¡Levántense!, ¡viene el Papa!”… ¿qué?, ¿cómo?, ¿cuándo?, no recuerdo la fecha, pero seguro era un sábado o día festivo porque siempre nos dejaban levantar, como decimos “hasta que la cama nos escupa” (tiempos que hoy casada recuerdo con añoranza…otra historia) en fin…no soy muy religiosa…en esos tiempos, menos… pues total que con riguroso huevo tibio nos mandaron a la Avenida Lomas Verdes donde se suponía iba a pasar el Santo Padre. No sin antes hablarle a los amigos que podíamos para que nos alcanzaran y no estar tan solitos; y es que nos quedaba en la esquina y era como decir “acompáñame a Gigante”…

 

Nos mandaron a llevar sillas y sillas porque mi mamá ya le había dicho a la tía Gloria, Tía Rosy, la “Abue” y a todas sus amigas; así que teníamos que apartar varios lugares. Yo a esas alturas seguía pensando que podría estar en el bazar, o en Skatorama o viendo mis Súper videos en MTV… pero cuando vi que muchas de mis amigas iban llegando, me empecé a animar…y como no había ni celulares, ni I-phone, ni I-pod, ni I-nada…pues la plática era lo único que nos quedaba en todo ese tiempo de espera…porque ni siquiera sabíamos a qué hora iba a pasar el Papa….

 

Cabe mencionar que estábamos en primerititita fila. Al principio sólo éramos nosotros, familia, amigos y vecinos, pero poco a poco la gente se empezó a juntar, y me comencé a dar cuenta de que lo que pasaba era realmente grande. Éramos miles y miles de personas que empezamos a echar porras y a cantar; y algo que pensé iba a ser súper aburrido se transformó en una gran fiesta…la espera de miles y miles de personas con la gran ilusión de ver a Juan Pablo Segundo… había un sentimiento como de armonía, de esperanza, de felicidad que te contagiaba.

 

Finalmente llegó el momento; después de horas de espera, el Papa pasó, fueron sólo unos segundos, pero en esos segundos miles de Satelucos gritaron eufóricos… y yo, en esos segundos, juro que vi pasar un ángel con los ojos más gentiles que he visto jamás… nunca me sentí cansada, ni aburrida; sólo recuerdo que en un momentito Juan Pablo II acarició mi corazón y a mi corta edad vi realmente a un ser tocado por Dios, seguro por ahí, encontraré a alguien que vivió y sintió lo mismo que yo….

 

“¡JUAN PABLO – SEGUNDO – TE VIMOS UN SEGUNDO!” Fue nuestra última porra….

 

¡SALUDOS!

 

CONSUELO GONZALEZ SMITH

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