Guillermo “el ratón” Mercado

El sr. Guillermo “el ratón” Mercado mi abuelo, corrió y ganó la carrera circuito Satélite en 1958, de inmediato adquirió un terreno en el cual vivió y crió a sus hijos, la historia de mi familia se forjó en cd. Satélite y aún hoy siempre me identifico como 100% sateluca nacida en el hospital Satélite.

Es mi ciudad de origen!

Los recuerdos de mi Kinder en Puericultores, los estrenos en el Apolo, la libertad de andar en bici desde la zona azul hasta Echegaray, las clases de ballet en Paloma Bernal, la pape de la zona verde, las fiestas de mi adolescencia en dramaturgos, aprender a manejar en Científicos.

Mi abuelito partió con el Señor en diciembre de 2000 y le estaré agradecida eternamente de haber formado a nuestra familia en Satélite

Caro y Pepe Vega

raton 2

 

raton 3

Universos paralelos.

Sin la ayuda de física teórica he tenido la oportunidad de comprobar la existencia de universos paralelos. La más reciente fue una noche de sábado en que nos encontrábamos esperando el comienzo del futbol y puesto que se sentía bastante frío se me ocurrió comentar que parecía el día en que nevó en la ciudad de México. Todos tenían bien presente el día y llovieron los recuerdos y anécdotas hasta que llegamos al dato irrelevante de la fecha.  La recuerdo bien porque yo cumplía once años, 11 de enero de 1967. Y sin embargo ahí comenzaron las discrepancias; las fechas  variaron desde el 9 al 14 de enero y los años desde 1966 hasta 1968. ¿De verdad podemos tener certeza en cosas que otras personas vivieron de manera diferente?  Yo estoy convencido de haber vivido en un universo paralelo durante la serie mundial de 1986 y el error de Bill Buckner. No me platicaron el partido; recuerdo perfectamente la bola rodando hacia primera y lo único que se necesitaba para que Boston se coronara era tomar la bola y pisar primera. El error permitió entrar dos carreras: Boston perdió el partido y eventualmente la serie. Pero en el otro universo más generalizado dicen que la cosa no fue así para nada.

Pero regresamos a los recuerdos del día que nevó. Y eso nos llevó a recordar toda la zona y en particular el área de Satélite aunque ya no sólo del 66 al 68 sino pasando por todos los 70´s. Desde luego todos recordamos el Centro Satélite, la gasolinería y la pista de Go Karts. Recordamos la aparición de la Comercial Mexicana junto a las torres y el restaurante Dennys, que luego desapareció en conjunto para nacer de sus cenizas un Auchán y finalmente transformarse en… Comercial Mexicana, pero ahora Mega. Y esos recuerdos nos aseguran un universo que todos compartimos y del cual estamos seguros. Claro que hay espacio para algunas lagunas, sobre todo si consideramos el tiempo transcurrido desde entonces y algunos excesos en los que hemos incurrido los testigos.

Las transformaciones de Plaza Satélite son las que nos generan esos estados de sospecha en que ciertamente hay universos paralelos. Yo comentaba que cuando salieron los primeros cajeros automáticos de Banamex, estaban situados en la entrada principal que daba a Sanborns, hoy ocupada por Palacio. El cajero estaba cubierto por una cortinita metálica y se abría al deslizar la tarjeta. Varios curiosos se detenían para mirar la operación y recuerdo que en alguna ocasión incluso un chamaco pasó pregonando: “¡Bolsitas para la baba!” Y entonces vienen los recuerdos encontrados de que Banamex no tenía oficinas ahí, sino siempre donde ahora está.

—A lo mejor estaba abajo. Dijo alguien.

—¿Cómo abajo?, si abajo sólo había estacionamiento.

— No hombre, había más tiendas y hasta un restaurante que se llamaba Guillermo Tell.

—No era restaurante sino una tienda de quesos con dos mesas.

—Estás loco, tenía dos pisos. Pero era lo único que había abajo.

— ¿Abajo o en el estacionamiento de paga?

—Antes no cobraban el estacionamiento.

—En el de en medio siempre cobraron.

—¿Cuál de en medio?

—El que daba a los cinemas 2000.

—Esos estaban afuera y del otro lado.

Y de repente los universos tienen una convergencia y todo vuelve a la normalidad. Recordamos que el Café Mozart estuvo desde el principio, aunque del otro lado, en la que ahora es la salida donde está el Globo. Recordamos que Trenes S. A. también es de los originales y creo que nunca ha cambiado ni si quiera su letrero, y recordamos a Penny Land, el cine y otros negocios; algunos cambiaron de lugar, otros se fueron. Y de pronto nuevamente los universos se separan.

—Pero los tres grandes siempre fueron Sanborns, Sears y Liverpool.

—Dirás París Londres porque Liverpool llegó después.

—El que llegó después fue Palacio.

—¡Claro! Ese acaba de llegar con toda la parte de abajo.

—Que abajo ya había tiendas y hasta un cabaret que se llamaba Broadway.

—Cómo crees. El único bar en plaza sólo ha sido el de Sanborns.

—Y el Piano Bar de Sears.

—¡¿Cuál bar de Sears!?

—Broadway era un centro nocturno y tenía un bar de yardas afuera. Había un grupo para bailar y se presentó Beto el Boticario, El loco Valdez, Alejandro Suárez, y un chorro más.

—Te estás confundiendo con el Sapo Cancionero.

—Ahí apenas cabe Virulo y su guitarra.

—Es que antes era más grande, ocupaba toda la planta baja del edificio y su artista principal era Chava Flores.

—Sí, cómo no. Y vas a decir que vino Liza Minelli a la inauguración.

—Creo que te refieres al Castillo de los Yorsy.

Lo cierto es que estos universos paralelos tienen muy poco de paralelo. Se cruzan incontables veces, se alejan, coinciden un momento o pueden mantenerse unidos por un buen rato sólo para darnos la ilusión de que efectivamente compartimos el mismo tiempo y espacio, pero siempre dejan esos espacios abiertos donde nada coincide. Cuando la plática deriva a las películas y los cines, sé que de pronto me voy a quedar sólo en mi universo de la misma manera que con el error de Bill Buckner y la serie mundial del 86. La cosa comienza normalmente; recordamos el cine principal de Plaza ¿el Dorado 70? y luego las mini-salas y los demás pasando hasta por el cine Apolo y las salas de arte Cuevas y Godard. Curiosamente recordamos de estos últimos hasta buena parte de la cartelera. Y finalmente, de forma invariable recordamos todas las anécdotas vividas en el autocinema. Es cuando en forma resignada incluso yo mismo pregunto: ¿Recuerdan dónde estaba el autocinema?

—¡Claro!, en viveros, donde ahora está el Costco, casi enfrente de Mundo E.

Y tengo que traer a cuento mi universo tan poco compartido con los demás…

—Bueno, eso fue después. Primero estuvo en Satélite, donde ahora está Suburbia, El Portón, Vips y Wall Mart.

—¡¿Cómo crees!? Ahí sólo estaba el Aurrerá y el Vips.

Pareciera que estamos hablando del siglo pasado… Bueno, sí fue el siglo pasado. Pero pareciera que fue hace muchísimo más tiempo. No teníamos posibilidades de sacar una foto o un video con el celular y tenemos que confiar en los recuerdos compartidos. ¿Será que me tocó vivir solo en ese universo donde el autocinema estuvo alguna vez en Satélite?

 

Eli

Las Torres de Satélite en el Museo Metropolitano de Nueva York

Pues el pasado mes de agosto estuve por este museo poco antes de dejar la Ciudad de Nueva York donde tuve la suerte de pasar un par de años. Y la gran sorpresa fue que me encontré que en la tienda del museo se está vendiendo un libro de Arquitectura Moderna con la foto de las Torres de Satélite en su portada.

 

Se trata de una edición del año 2010 del libro “Modern Architechture” de editorial Taschen.

 

Añado la foto de la portada del libro y donde se ven además el logo del Met en un libro y en un muro de la tienda del museo, que muestra que ahí es donde encontré el libro, aunque también lo pueden ver en internet. La foto es de mi hermana Tere quien es Diseñadora Gráfica.

 

Esto muestra sin duda la gran importancia de las torres de Satélite no sólo en nuestro país sino a nivel mundial y que la convierte en uno de los íconos de la arquitectura moderna. Para mí es un motivo más de orgullo haber vivido aquí y es también motivo de responsabilidad de cuidar de ellas.

 

Ya en alguna ocasión comenté y ahora lo reitero, que valdrá la pena estudiar el modo de que las Torres sean declaradas patrimonio de la humanidad. Me parece que los Directivos de la Asociación de Colonos deberían promover esto.

 

Y un saludo a todos.  

 

Manuel Ramos Kuri

Un homenaje Sateluco a mi hermano

El sepelio de mi hermano Víctor Hugo Díaz Inclán estaba repleto de familiares y amigos, aún también los extraños dando el último adiós  a un joven de escasos 20 años quien murió fuera de su ciudad junto con otros amigos de la colonia donde vivíamos (Colón Echegaray), un accidente de la naturaleza en Valle de Bravo, acabó con la vida de 7 muchachos, aunque por geografía no eran todos Satelucos, si eran del territorio de Satélite, nacieron y vivieron ahí, aunque su  muerte fue lejos de la ciudad, la noticia afectó a muchos habitantes que conocían al grupo de amigos,  a quienes la muerte sorprendió cuando se desbordó el río llevándose a todos sin  esperanza de ningún sobreviviente.

 

Corría el año de 1983 un 17 de julio (día del padre), cuando las  familias de los occisos en caravana hacía Valle de Bravo recorría  lenta la carretera para identificar los cuerpos…Los dolientes nos  mirábamos las caras incrédulos sin saber qué hacer con tanto dolor y a quién culpar. Yo contaba con 16 años y marcó a mi familia este  deceso que como maldición gitana acabó con más miembros de mi familia, al grado tal que de 6 que éramos quedamos (gracias a  nuestra vida enfocada a lo positivo) mi hermana menor y yo. Ya hicimos parte de nuestras vidas y nunca será superado los acontecimientos tristes, aún con ello a cuestas SOMOS FELICES con lo  que tenemos HOY.

 

Por como sabrán han pasado 27 años de aquella terrible tragedia,  y yo  cada año, hago mi homenaje a mi Brother del Alma, misas, cartas, etc. pero el mejor fue este año: Un día curioseando por mi Facebook, vi el enlace de Los Satelucos, y  me di a la tarea de localizar a los otros grandes amigos de mi hermano, teniendo la fortuna de localizarlos y ponerme en contacto con ellos, (sobrevivieron por que no pudieron ir), cual no sería mi sorpresa que fui entrando a la secundaria donde él fue, la prepa,  gente que él conocía y aprendí con esas anécdotas maravillosas que cada uno de los conocidos, amigos y personas que lo conocieron, fueron construyendo una imagen viva de Víctor Hugo, es increíble cómo me sentí, como me regresaron a mi hermano, estuve con él a través de sus  palabras, de imágenes, que mejor homenaje pudo haber tenido un joven que del anonimato a hoy si viviera tendría 48 años, todo  gracias a esta puerta donde los Satelucos nos asomamos diariamente  y solo me anoté un acierto más el haberlo hecho y compartido, Satelucos de corazón …MIL GRACIAS.

 

Carmen Díaz Inclán

Cuando el Papa tocó mi corazón

Hay historias y anécdotas que te quedan en la memoria, pero hoy otras que te quedan en el alma y en el corazón…

 

Son las 8 de la mañana y mi mamá grita…”¡Levántense!, ¡viene el Papa!”… ¿qué?, ¿cómo?, ¿cuándo?, no recuerdo la fecha, pero seguro era un sábado o día festivo porque siempre nos dejaban levantar, como decimos “hasta que la cama nos escupa” (tiempos que hoy casada recuerdo con añoranza…otra historia) en fin…no soy muy religiosa…en esos tiempos, menos… pues total que con riguroso huevo tibio nos mandaron a la Avenida Lomas Verdes donde se suponía iba a pasar el Santo Padre. No sin antes hablarle a los amigos que podíamos para que nos alcanzaran y no estar tan solitos; y es que nos quedaba en la esquina y era como decir “acompáñame a Gigante”…

 

Nos mandaron a llevar sillas y sillas porque mi mamá ya le había dicho a la tía Gloria, Tía Rosy, la “Abue” y a todas sus amigas; así que teníamos que apartar varios lugares. Yo a esas alturas seguía pensando que podría estar en el bazar, o en Skatorama o viendo mis Súper videos en MTV… pero cuando vi que muchas de mis amigas iban llegando, me empecé a animar…y como no había ni celulares, ni I-phone, ni I-pod, ni I-nada…pues la plática era lo único que nos quedaba en todo ese tiempo de espera…porque ni siquiera sabíamos a qué hora iba a pasar el Papa….

 

Cabe mencionar que estábamos en primerititita fila. Al principio sólo éramos nosotros, familia, amigos y vecinos, pero poco a poco la gente se empezó a juntar, y me comencé a dar cuenta de que lo que pasaba era realmente grande. Éramos miles y miles de personas que empezamos a echar porras y a cantar; y algo que pensé iba a ser súper aburrido se transformó en una gran fiesta…la espera de miles y miles de personas con la gran ilusión de ver a Juan Pablo Segundo… había un sentimiento como de armonía, de esperanza, de felicidad que te contagiaba.

 

Finalmente llegó el momento; después de horas de espera, el Papa pasó, fueron sólo unos segundos, pero en esos segundos miles de Satelucos gritaron eufóricos… y yo, en esos segundos, juro que vi pasar un ángel con los ojos más gentiles que he visto jamás… nunca me sentí cansada, ni aburrida; sólo recuerdo que en un momentito Juan Pablo II acarició mi corazón y a mi corta edad vi realmente a un ser tocado por Dios, seguro por ahí, encontraré a alguien que vivió y sintió lo mismo que yo….

 

“¡JUAN PABLO – SEGUNDO – TE VIMOS UN SEGUNDO!” Fue nuestra última porra….

 

¡SALUDOS!

 

CONSUELO GONZALEZ SMITH

Me hubiera gustado…

Me hubiera gustado que mi hija viviera Satélite, me hubiera encantado que conociera las calles con los baldíos entre las casas, que pudiera jugar “stop”, resorte, bote pateado y escondidillas y todos esos juegos que nosotros jugamos EN la calle; en calles donde todos los vecinos te conocían, donde los conductores frenaban ante la inminente señal de niños jugando con dos piedras como portería “futbol para”, con callejones abiertos y no cerrados con cercas, con las rampas del óvalo en Manuel Paino para BMX o enfrente del ya no existente “Apolo”; en ese Satélite donde todos nosotros fuimos niños libres, sanos y felices, sí había Atari e Intelevision, pero normalmente nuestro campo de acción era la calle. Sin miedo a ser secuestrados, sin miedo a ser atropellados, sin que los vecinos se quejaran por nuestros ruidos.

Me hubiera gustado tanto que mi hija conociera mi Plaza Satélite, aquella sin grandes cadenas de tiendas, donde con mi domingo podía pasar el día entero en pennyland, comprarme un helado en Helen´s y simplemente dar el “rol” por plaza y sentarme en sus largas butacas rojas, que pudiera comprarlo un helado de uva en la nevería que tenía en la pared a todos los personajes de Disney pintados, frente a los cines donde los papás tenían que hacer una muuuuy larga cola para comprar un boleto mientras los niños jugábamos en la famosa escultura de metal y una vez adentro nos comprábamos ponpon’s y grajeítas de chocolate con chochitos de colores, una copa napolitana y palomitas, que hubiera sabido que existían los intermedios para que los adultos salieran a fumar o comprar más dulces mientras nosotros corríamos por toda la sala sin que nadie nos pidiera callarnos o salirnos.

 

Showbiz Pizza Fiesta, Shakey’s Pizza y Pollo, Burguer boy, Tom Boy, La Manzana de Roma, El Safari, Skatorama, Divertido, teníamos tantos lugares para nosotros y muy cerca.

 

Y ahora que tiene 16, me gustaría que conociera las tardeadas, el Giacovanni’s, el Surf, el News, las tocadas en toda la zona (Santa Mónica, San Mateo, Satélite, etc) o La Viuda.

 

Y aunque mi hija fue “hecha” en Cancún, aunque nació en Santa Mónica y no en el Hospital Rio de la Loza como muchos de nosotros, aunque creció en Lomas Verdes y no en un Circuito; ella se considera Sateluca, porque conoce todo eso por mí y por su propia experiencia, que aunque ha sido distinta a la de los 50’s, 60’s, 70’s y 80’s, es también el lugar donde ha logrado hacer amigos de toda la vida, como los míos. Amigos que, aún en este rincón donde vivimos, encontramos amigos en común, conocidos, “Satelucos”.

 

Extrañamos muchas cosas de nuestro “pueblo”, como me gusta llamarle, llevamos dos años fuera y cada vez que vamos se nos hace un nudo en la panza en el momento en que cruzamos del DF al Estado de México, justo a la altura de nuestro fallecido “Toreo de 4 caminos” y pensamos, “ya estamos llegando a casa…”

 

Lo que me entristece es que ahora el tráfico es interminable, que ya no hay niños jugando en la calle, que en un paso peatonal una persona con un carro último modelo acelere, en vez de frenar y ceder el paso; y es que mi Satélite está ahora lleno de gente sin raíces, sin amor, sin respeto, ya no se preocupan por sus vecinos y ahora me pregunto ¿No extrañan NUESTRO SATÉLITE? ¿No les gustaría también que sus hijos lo hubieran vivido? Yo sí, a mí sí!

 

Y no es que ya no me guste Satélite, sigo siendo orgullosamente “Sateluca”, prefiero mil veces seguir en Satélite que en cualquier otro punto del Estado o la Ciudad, no es que no me guste, es que ya no es igual…

 

Bárbara Escaler

 

Nota: Entiéndase por Satélite y Sateluco no solo los circuitos y a las personas que en ellos viven, si no a Lomas Verdes, La Alteña, Santa Mónica, Jacarandas, Rincón Colonial, etc, donde encontré tantos y maravillosos amigos. Las fronteras son mentales, no geográficas.

Los andadores de Satélite – Inventando el chat

En 1981 yo vivía en Pintores, y un día caminaba con mi hermana en los callejones de Músicos, y ociosamente vi un yeso en el piso, y se me ocurrió escribir en la pared: HOLA, SOY NIÑA, TENGO 11 AÑOS, QUIERES SER MI AMIGO(A)?

Esto fue justo en el inicio del callejón de la calle Carlos J. Menses en Músicos, y yo creo que no esperaba respuesta, pero otro día volví a pasar por ahí y me encontré con la sorpresa que me habían contestado!!

 

No habíamos puesto nombres, pero a partir de ese momento iba por lo menos cada tercer día a asomarme si había respuesta, y siempre la había, eran 3 niños de 12 años en aquel entonces los que me contestaban. Siempre me despertaba con la ilusión de encontrar una respuesta, y eso fue como un chat diario, a tal grado que el chat inició al principio de la calle que les digo, pero terminó cada vez mas adentro, no sé cuantos metros de pared escribíamos (ya en ese momento llevabamos nuestros propios gises) pero pasaron meses.

 

Cabe mencionar que durante todo ese tiempo me pasaron cosas como el clásico deprabado exhibicionista que te sale de la nada, o el perro que te persigue y muchas de esas aventuras. jajaja pero mi miedo principal era llegar al callejón y encontrarme con los niños con los que estaba chateando.

 

No recuerdo cuantos meses, quizá hasta un año, no lo sé, pero llegó el día en que fui a ver mi respuesta, y entro al callejón a contestar, y cuando voy de salida, me encuentro con 3 niños en bici. No saben que miedo y pena me dio, así que me seguí caminando como si nada, me crucé con ellos, ellos me llaman y yo que me echo a correr!!! No contaba con que ellos traían su bici y en un minuto me alcanzaron.

 

A partir de ese momento nos hicimos grandes amigos, mi mamá los apodaba los soldados porque siempre estaban parados afuera de mi casa para ver si podía salir a jugar con ellos.

 

Hoy despues de tantos años, dos de ellos siguen siendo mis grandes amigos, y hemos sido testigos de nuestras historias, éxitos y fracasos. Y nada mas al recordar esta historia me doy cuenta cuanto los quiero y cuantos años nos divertimos juntos, crecimos juntos, mil cosas juntos.

 

Agradezco mucho a Dios, a la vida y a esos callejones que me dieron uno de los mejores regalos que he recibido en mi vida y aunque geograficamente nos encontramos lejos uno del otro, siempre estan conmigo.

 

 

Gracias por dejarme compartir esta historia.

 

 

Myrna Centurión

God is from Satélite

Allá por 1982 tomando café en Vip´s de Plaza Satélite; un Vip´s  totalmente diferente al actual ya que no estaba remodelado, no tenía terraza y aun  colgaban del techo  unas esferas simulando planetas, llegaron unos ilustres desconocidos  con unas calcomanías que decían “no a la corrupción “  a ofrecerlas mesa por mesa a cambio de una cooperación voluntaria mayor a cinco pesos y pidiendo la pusiéramos en los autos según ellos para erradicarla.

 

148510_168605099825384_8159459_n

Vips Plaza Satélite

 

Los que estábamos en la mesa coincidimos en que no era una buena idea, ya que seria paradójico ofrecer mordida al agente de transito ostentando senda calcomanía llena de buenas intenciones y virtudes que no poseíamos, así que despedimos a los frustrados vendedores pero nos dieron tema de conversación para aquella tarde de café. Nació así una idea:  deberíamos mejor hacer una calcomanía que realmente fuera útil para nosotros los Satelucos: algo que nos identificara y sirviera para ayudarnos entre nosotros pues la idea principal era que si veíamos un auto fuera del área de Satélite con dicha calcomanía en problemas (avería mecánica, pinchadura de llanta, etc.)  nos detendríamos a ayudar aunque no nos conociéramos. Bastaba con el simple hecho de ser Sateluco para recibir u ofrecer ayuda,  también el impacto sicológico fue positivo; evitaba inútiles mentadas y agresiones en el periférico entre nosotros cuando nos identificábamos mediante esta calcomanía.

 

Como era costumbre en aquel tiempo iban llegando mas amigos haciéndose cada vez más grandes las mesas para beneplácito de las meseras de aquella época,  y cada quien aportaba ideas, el tamaño rápidamente quedo definido seria del tamaño exacto de la calcomanía del numero de placas pues iría también en el medallón  y mas adelante podríamos también hacer placas alusivas.  Pero ¿qué dirían ? No podían decir solamente Satélite, tendrían que decir algo mas, fue entonces cuando Martín Navarro comento que los Argentinos decían que “Dios era de Argentina”, que equivocados estaban los Gauchos ¿Qué acaso no sabían que Dios era de Satélite? Y ahí estaba, era la frase ideal, además dejaba la puerta abierta para mas adelante hacer playeras con una esperanzadora leyenda en la espalda donde dijera que si habías sido bueno en esta vida en la otra vida podrías ir a Satélite o algo así.  Estaba hecho, la frase seria y así fue “God is from Satelite”. Y las torres de Satélite sobre nubes seria el símbolo, el boceto se hizo sobre una manteleta del Vip´s y luego yo en casa y con ayuda de mi hermano Oscar hicimos el dibujo original, pues contábamos con todo el equipo de dibujo profesional, en aquel entonces de las computadoras ni se hablaba. Listo el dibujo original, Martin y un servidor nos dimos a la tarea de buscar quien maquilara las calcomanías y se mandaron hacer, para luego salir a la venta a cinco pesitos de aquella época.

Muchos tuvimos que ver en este proyecto tantos como estuvimos en la mesa del Vip,s de plaza aquella tarde, no quisiera dar mas nombres por temor a omitir a alguno. Lo importante es que esta es la historia del primer producto de identidad Sateluca y en una época en donde los autos se rasuraban totalmente y se quitaban todas las calcomanías,  era muy satisfactorio ver por el periférico de la gran ciudad a nuestros autos Satelucos haciéndose presentes.

 

Saludos

 

Gilberto López González

Una casa sateluca muy especial

En Cd. Satélite existe una casa muy peculiar, si han ido a la Iglesia de San Felipe de Jesús tal vez la hayan visto, pues se distingue por su fachada de cuatro puertas en forma ondulante y no sobresale ninguna casa… Tal vez pensarán que es una residencia de un solo piso, más no es así.

Esta casa fue contruida por el Arq. Javier Senosiain, quien se ha dedicado a la Arquitectura Orgánica, que se caracteriza por las formas ondulantes similares a las de una enrredadera y sobretodo por que predominan, para su decoración, una serie de jardines que envuelven estas casas habitación.

 

Cabe señalar que el Arq. Senosiain tiene una gran influencia de Antonio Gaudí, tanto que aplica las mismas esculturas, formas y decoración de diversos colores en su estructura.

 

La casa ubicada en Cto. Economistas es conocida como Conjunto Satélite y abarca no solo una sino cuatro casas de un sólo piso y que se fusionan con el jardín, como si éstas emergieran de la tierra.

 casa2

Javier Senosiain ha realizado el diseño y construccción de diversas casas en el Municipio de Naucalpan, entre las cuales destaca el Nautilus y el Tiburón. También es autor de la escultura fúnebre de José Alfredo Jiménez ( en el Panteón de Dolores Hidalgo, Gto.) llamada el Sarape y Sombrero, cada color de esta vestimenta fue realizada por diversos mosaicos que la hacen espectacular y cada división en el color tiene inscrita el nombre de una canción de este célebre compositor; al centro se encuentra un sombrero monumental.

 

Espero que puedan disfrutar de esta casa y puedan conocerla por medio de estas imágenes, pues creo que no es permitida la entrada.

 

Melania Brenda García Ramírez.

Sábado 16 de enero de 1982, Circuito Poetas 30-A

No recuerdo muy bien lo que pasó todo el día ni tampoco recuerdo muchas cosas antes de esa noche pero recuerdo que era muy tarde ya y mis papas habían recibido gente en la casa por motivo del cumpleaños de mi mama. Por otro lado mis hermanas, pubertas entonces, se habían ido de fiesta con sus amigos por separado.

 

Después de un tiempo y ya casi entrada la madrugada del domingo, recuerdo perfectamente que me encontraba en el estudio viendo una película de Olga Breeskin en la cual ella audicionaba con su violín en un teléfono público. Nuestra trabajadora doméstica se encontraba dormida también en el estudio.

 

Realmente no recuerdo que fue o porque me encontraba despierto tan tarde pero si recuerdo que, como es mi costumbre, me levante del sillón del estudio para bajar a la cocina y servirme un vaso con agua ya que siempre tomo agua. Al bajar a la cocina noté que todas las luces de la casa estaban prendidas, desde la cochera, la entrada principal, el pasillo de la planta baja, comedor, sala, corredor de la planta alta, todo estaba encendido, así que me dispuse a apagar las luces dejando encendidas solamente las luces de la cochera y de la puerta principal.

 

Pasó el tiempo, no sé cuánto, pero obviamente el agua hizo efecto diurético y me levanté otra vez al para ir al baño. En esta ocasión me percaté con mucho temor que había hubo saliendo de las boquillas de las luces del techo, un olor muy fuerte a hule quemado me golpeó el olfato y a pesar de que no vi fuego, lo único que se me ocurrió en ese momento fue llamarle al Sr. Raúl Camacho. Él era nuestro vecino en colina de la paz en boulevares y no sé porqué se me ocurrió hablarle a él ya qué ni siquiera estaba seguro que lo encontraría suponiendo que se habría ido con mis papas a celebrar el cumpleaños de mi mama al restaurant Cicero Centenario que se encontraba en el centro de la ciudad.

 

No recuerdo que hora era pero a pesar de eso me contestó y le expliqué lo que estaba viendo, así que me dijo que despertara a mi hermano y saliéramos de la casa. Empecé a abrir las ventanas para ventilar la casa pero en lo que lo hacía Raúl Camacho ya había llegado así que subimos por mi hermano quién estaba dormido y lo subió al auto. No recuerdo que le dijo a Juanita, nuestra trabajadora domestica pero el perro y el gato salieron huyendo.

Nosotros éramos amigos de los hijos de Don Raúl después de tanto tiempo de ser vecinos anteriormente, así que nos recibieron bien pero un poco extrañados por las razones. Solo recuerdo que Don Raúl le comentó a su esposa, Paty, que regresaría a la casa para ver si podía llamar a una patrulla o los bomberos para revisar la casa. Nosotros seguíamos despiertos con Gerardo y Raúl Jr. Sin saber que ocurría pero sí recuerdo que una vez que sonó el teléfono, la señora Paty contestó y gradualmente sonaba angustiada respondiendo a lo que aparentemente Don Raúl le comentaba.

 

Al día siguiente solo recuerdo que llegaron nuestros papas y tal cual los deje la noche anterior, llegaron por nosotros, mi mama seguía vistiendo su abrigo de piel y tras bajar las escaleras, nos sentamos en la sala de los Camacho y nos dijeron que la casa se había quemado.

Tras bambalinas

Obviamente mi hermano y yo nos perdimos de muchos sucesos tras que la casa se empezó a incendiar así que solo relato lo que mis hermanas y mis papas nos hicieron saber.

 

Mis hermanas se encontraban en fiestas por separado así que de igual manera llagaron a casa por separado. No recuerdo quien llego primero pero si sé que algo ayudo mucho a que no pasará algo más grave y es que ambas salían con jugadores de futbol americano. Por lo menos a una de ellas la salvaron de cometer la imprudencia de meterse a querer apagar la casa usando la manguera de la cochera cargándola en hombros y sacándola de ahí. También ayudaron a sacar el otro auto de la cochera tirando la reja y tan solo entre varios logrando que rebotara y así sacarlo.

 

Mucha gente en satélite salió de sus casas y observaba como la casa empezaba a quemarse esperando que llegaran los servicios de bomberos de Naucalpan, para lo que desgraciadamente las bombas no servían y no pudieron hacer gran cosa. Siendo todavía más dramático el hecho de que mi tío abuelo, el ex comandante Adolfo Moreno (q.e.p.d.) y quien ya era retirado y jubilado del cuerpo de bomberos y dueño de la Arena de lucha libre de Naucalpan, no pudo hacer nada por gente de su familia y solo pudo ver que se consumía la casa y observando que al final algunos amigos y vecinos ayudaban con cubetas de agua a apagar lo que se podía.

 

Dado a que en esos tiempos no había teléfonos celulares para localizar a la gente en casi cualquier lugar, no había como notificar a mis papas de lo que sucedía. Solo al irse acercando a la casa se dieron cuenta de lo que pasaba para encontrar con terror que la casa estaba incendiándose y más aún sin saber por momentos si sus hijos estaban bien o no.

 

Afortunadamente Don Raúl recibió a mis hermanas también y una de ellas estaba ahí y otra estaba con una tía que vivía cerca, además de que Don Raúl nos tenía a mi hermano y a mí desde mucho antes en su casa. Aunque eso alivio a mis papas no podían dejar de pensar en lo que hubiera pasado de no haber sido así y ahora solo podían ver como se consumía la casa sin poder hacer nada para evitarlo.

Investigación

Curioso es que no me conformaba con saber que la casa se había incinerado como me lo comentaban mis papas, yo quería ir a la casa a verlo por mí mismo. Mis papas obviamente no querían llevarme por cuestiones obvias. Pensaban que el impacto psicológico sería demasiado para mí y que no era prudente, por lo menos no tan pronto. De alguna extraña manera solo pensaba en ir a ver la casa y hasta después de algún tiempo, no sé cuánto, mis papas por fin decidieron que fuéramos. Yo recuerdo llegar a la casa la cual no tenía puertas, llena de cenizas sobre las que teníamos que caminar. La sala simplemente no existía, ni vidrios, ni el candil, ni el órgano, ni los muebles, solo paredes tiznadas. El comedor no existía tampoco así como la famosa y tan querida cantina de mi papa que se encontraba en el pasillo principal. En la planta alta encontré la misma situación, en la recamara de mis hermanas, la de mis papas y el estudio. Pero la recamara de mi hermano y mía fue totalmente una sorpresa muy extraña.

 

El closet, las camas, la repisa así como un escritorio que teníamos, eran obviamente de madera, pero no se encontraban consumidos totalmente, cosa que se me hizo muy extraña porque todo lo demás en la casa fue calcinado en su totalidad. Mi cama tenía debajo un avión de motor de gasolina, el cuál tenía el tanque lleno más un tanque extra todo justo debajo de donde yo dormía. La cama tenía un hoyo que parecía haber sido hecho por el flamazo que dicha gasolina provocó al encenderse. Casi todo lo demás se encontraba tiznado, lleno de cenizas, pero muchas cosas todavía eran rescatables, algunos juguetes que podrían ser limpiados y así varias cosas de la recamara. Mis papas no nos dejaron sacar mucho pero trate de sacar lo más que pude, algunas cosas no se podrían rescatar porque el calor, mas no el fuego, hizo que muchas cosas de plástico se deformaran y se pegaran unas a otras dejándolas inservibles.

 

Una de mis incógnitas era porqué se habría quemado la casa y aún a mis escasos 10 años, mi curiosidad me llevó a la cocina, donde encontré una situación parecida a la de mi recamara y que me dejaba con mucha más duda. La cocina solo estaba llena de ceniza, tiznada también. ¿Por qué la cocina no se quemó de tal manera que se viera, sino calcinada o totalmente consumida por el fuego, por lo menos deforme tras la alta temperatura que el calor del fuego causara al metal de lo que estaba hecha la mayoría de la cocina? También me asalta la duda de porqué las cubiertas de conglomerado de madera también no pudieron haber desaparecido o se hubieran consumido.

 

Me causó más duda y curiosidad todavía ver sobre uno de los muebles de la cocina una botella de Coca Cola de litro completa y cerrada, siendo que en ese entonces las botellas de Coca Cola eran hechas de vidrio y ni con el calor del incendio explotó, ni siquiera se abrió. Todo eso me llevo todavía más a fondo, encaminándome hacia la alacena, el closet de la codina donde teníamos nuestros abarrotes era grande y con muchas repisas de pared a pared. Todo el cuartito estaba conformado por repisas y en la parte superior, como en casi todas las casas de ese tipo, se encontraban los interruptores que comúnmente se llaman “breakers” o “switches” de paso. Estos, se sabe, se apagan automáticamente al registrarse un pico de corriente o alteración para evitar una sobrecarga y provocar cortos circuitos, o ciertamente si algún aparato doméstico sufre de un corto circuito, estos interrumpen la corriente por secciones para que se corrija el error y no haya un problema más grave.

¿Por qué me causó curiosidad a los 10 años y según yo sabía que debía revisar eso? Fui directamente a revisar los interruptores y todos estaban arriba, prendidos, si hubo un pico de corriente que provocara la sobrecarga del sistema lo cual calentara la instalación lo que a su vez fundiera los aislamientos y provocando el incendio, los interruptores lo permitieron porque jamás se botaron apagando el sistema y dejando que la corriente siguiera sobrecargando el sistema hasta provocar el incendio.

 

¿Pero porqué la cocina nunca tuvo ninguna explosión siendo que circula gas? ¿Porqué mi cuarto no se consumió si había gasolina para mi avión? Estas son preguntas para las cuales jamás obtendré una respuesta y que a mis 10 años me atormentaban y hoy en día siempre serán un misterio.

A dónde ir

Los primeros meses, no recuerdo exactamente cuántos, mis abuelos maternos nos dieron asilo en la casa. Con la pequeña inconveniencia de que ya de por si vivían ahí mi tío Arturo, mi tía Silvia con Aydee y Piky recién nacido y mi tía Lourdes. Así o más? Ahora que para esto mi tía Silvia tenía un departamento que el susodicho Ernesto (a.k.a. Papo) le había comprado y acondicionado a Silvia en Viveros de la Loma y el cuál no ocupaba, ya que prefería estar pegada a mis abuelos, por muchas conveniencias. Por esto mismo prefirió prestárnoslo que mudarse ella a su propio departamento. Esto no sin antes de haber pasado por otros meses como inquilinos pegados de mi tía Rosa María en su departamento en Rio de la Plata en la Juárez. Esto era más que incomodo porque el departamento era muy chico y siendo tantos se hacía muy difícil estar ahí, además de que para mis papas era complicado llevarnos a la escuela diario.

Yo no recuerdo cuanto tiempo dejé de asistir a la escuela pero sé que fue bastante y solo recuerdo que de no ser por mis amigos no hubiera rescatado el año escolar. Héctor Bedolla, Hector Aguilar y Fernando Perezpalacios me copiaban a mano los apuntes de las clases diario y me las hacían llegar, también me ayudaban a estar al corriente por teléfono al igual que Oscar Cerón y muchos otros.

 

Recuerdo muy bien que mi tía Sonia junto con mis primos Bere y Alan, me trajeron bolsas llenas de algunos juguetes que pudieron rescatar y limpiar de lo que recolectaron de nuestra recamara. Y así más quería yo ir a la casa.

 

No recuerdo que tanto tiempo pasamos tanto en casa de mi abuela, el cuál sé que fue menos que en el departamento de Rosa y menos que en el de Silvia, pero ciertamente fue muy difícil porque nunca es igual que estar en tu propio espacio y hogar. Más cuando los que “de buena voluntad” te alojan, se empiezan a incomodar con sus inquilinos. Se hacían más obvias las incomodidades y yo pasaba por un momento mucho muy difícil ya que para mí era tortuoso saber que mis papas salían en la noche y me podía quedar despierto toda la noche hasta que llegaran.

 

Precisamente por evitar lo más que se pudiera que estas incomodidades hicieran más difícil nuestra estancia en cualquiera de los dos departamentos, mis papas preferían que justo al terminar clases los viernes, nos recogieran en la escuela y de ahí salir directamente a Avandaro donde todavía había un lugar donde nos podíamos sentir en casa.

 

Nuestra casa en el club de golf de Avandaro era literalmente nuestro hogar dado a que lo que había ahí era lo único que nos quedaba. Desde ropa, utensilios de cocina, muebles, etc. No teníamos más que lo que nos quedamos puesto y lo que sobrevivió en esa casa. Así pues cada fin de semana llagaba el viernes y salíamos a carretera directamente y a veces en los dos autos dado a que en muchas ocasiones iban con nosotros nuestros primos, tias o algunos otros amigos de la familia. Era nuestro lugar para olvidar la carencia por la que pasábamos y el golpe bajo de haber perdido todo. No sabíamos o por lo menos no esperábamos que eventualmente comprobaríamos que el dicho “los bienes sirven para solucionar males” se nos haría evidente y factible.

 

Después de mucho tiempo de estar rebotando de casa de mi abuelita al departamento de Rosa María y finalmente al de Silvia, se acercaba el momento de regresar a casa. No sin antes vernos en la necesidad de deshacernos de nuestro refugio y único remanente de lo que éramos antes de tan lamentable suceso. Mi papa tuvo que vender la casa de Avandaro.

 

Fue doloroso pero necesario ya que los gastos de la reconstrucción de la casa eran altos y ya nos estaban presionando a dejar el departamento, como si no bastara la desgracia, aún los favores tienen límite de tiempo y falta de comprensión y hasta de paciencia. Aún cuando me había quedado sin muchas cosas así como mi hermano, mis hermanas y mis papas, fui descubriendo que mi tía Silvia había saqueado de la manera más vil juguetes que se habían salvado y que con una leve limpieza, se los llevaba a Ernesto, quien llevaba meses de haber nacido. ¿Cómo me di cuenta? Era tan fácil darse cuenta que una pequeña camionetita de safari color verde claro que era replica de una Mercedes Benz y que le faltaba el techo de plástico, solo tenía una leve limpiada del hollín del que se había manchado y que siendo de metal no había sido deformada. Así que de manera furtiva me introducía de vez en cuando a la recamara de Silvia, Aydee y Piky y ahí encontraba carritos de metal que solo habían sido limpiados levemente para que los heredara mi primo.

No bastaba con haber pasado por tal adversidad sino que además tendría que venir algo más. Mi papá sufriría de parálisis facial parcial, esto es que se le atrofiarían los músculos faciales por causa de tensión nerviosa y estrés solo de un lado de la cara. Para lo cual se tuvo que tratar con acupuntura en sesiones que le ayudarían a que se des atrofiara lo más que se pudiera pero no al 100%, y todavía más irónico, le atacara después del otro lado de la cara. Todo esto golpeó a mi mama llevándola a crisis muy fuertes que también la mandaron a cama y con medicamentos para tratar su problema de espalda y depresión.

 

Mis hermanas trataban lo mas que podían y mi hermano y yo tratábamos de estar lo más tranquilos posible pero era muy difícil. Tras de la enfermedad de parálisis facial de mi papa, su condición cardiaca se complicaría también y tener que vender la casa de Avandaro nos causaría mucho impacto.

 

Recuerdo que justo antes de dejar la casa de Avandaro, se hizo un enjambre de abejas en la puerta exterior de la cocina y veía como dejábamos ese lugar pero no veía como nos iba a pegar más adelante.

 

Fueron muchos buenos momentos en esa casa, desde fiestas, cumpleaños, posadas, inicio de año, hasta momentos dramáticos y momentos de relajación.

Mientras caminábamos hacia el club de golf, se nos ocurrió atravesar el campo mismo y en una pequeña lomita del green, escuchamos el grito que pegan los golfistas antes de hacer un tiro largo, pero apenas lo oímos y nos agazapamos tras la lomita pero cuando me quise reincorporar y poner de pie, mi pierna izquierda simplemente no respondió y con un dolor que llegó después vi que tenía una incrustada en la pierna una pelota de golf. La pelota estaba en mi pierna de tal forma que nada mas se veía la mitad y cuando la quite fue como quitar una ventosa de un vidrio. Al quitarla me dolió pero se me adormeció el resto de la pierna y se empezó a poner morado todo el cráter que hizo la pelota. Enseguida llegaron los jugadores y trajeron un carrito para llevarme a algún lugar seguro pero también nos regañaron. Estuve inhabilitado todo ese fin de semana. De hecho, creo que me quede con la pelota pero no sé donde quedó. =}

Regreso

 

El regreso a la casa de Poetas fue como algo raro, ya que aunque estaba como nueva se sentía una especie de falta de identidad con ella. Obviamente, los muebles que teníamos en Avandaro nos sirvieron para poder habitarla casa reconstruida y de alguna manera tener un poco de sentido de pertenencia. Económicamente las cosas no estaban nada bien, ni familiarmente ni en el país, tras una de las devaluaciones más dramáticas que el país ha tenido y luego de semejante problema, el que no quedaran fondos de ahorro, pues la situación iba causando mella en la salud de mi papa.

 

La casa se sentía rara y con un efecto muy raro en nosotros, diferente no solo por las remodelaciones y readaptaciones hechas por el propio diseño de mi papa como hacer cerrar la chimenea y en su lugar poner la cantina que un carpintero el confeccionó a mi papa a partir de un diseño que él hizo. La cocina si tendría un cambio radical, de una diseño prediseñado para la casa con aspecto “moderno” al diseño tipo early american que cautivo a todo mundo ya que le daría una calidez que la cocina anterior no tenía y que ahora invitaba a la gente a que la cocina fuera punto de reunión. Además de que no teníamos sala y el espacio del comedor le quedaba grande al comedor que teníamos en Avandaro.

 

Mi papa le nació un especie de gusto extraño por tener espejo gigante en la casa y mando poner un espejo gigante de pared a pared y de piso a techo en el cubo de la escalera, el cuál era bastante grande, lo suficiente como para que un espejo de una sola pieza no fuera posible, así que se compuso de cuatro piezas lo que de alguna manera extraña formaba una cruz donde los espejos inferiores eran más grandes y por consecuente más altos y los superiores eran más chicos y mas pegados al techo. En el punto donde convergían las cuatro piezas se encontraba una lámpara además de los cuatro traga luz que proporcionaban iluminación natural además de la luz de tubos de neón.

 

Dado a que los tubos se solían deteriorar y a veces no hacían contacto, la luz no se encendía inmediatamente y se tardaba unos segundos, sino a veces minutos para prender, así que cuando bajaba por mi vaso de agua prendía la luz que se encontraba clavada en el espejo. El problema era cuando se fundía el foco de esa lámpara. Solo podía llegar la luz del corredor y si no había luz en la parte de abajo pues si daba un poco de miedo bajar porque la obscuridad abajo era un tanto perturbante. Esto porque en un par de ocasiones observe como se trasladaban unas siluetas blanquecinas desde la cocina a la puerta principal reflejadas en el espejo. No sé si en realidad era parte de mi imaginación, efecto del espejo o qué.

 

Una noche me levante al baño y de curiosidad me asomé al cuarto de mi mama, no recuerdo para qué pero vi a mis dos hermanas y mi mama agazapadas al pie de la ventana en el extremo izquierdo como espiando a algún vecino. Me acerque y las vi que estaban angustiadas porque mi papa no llegaba y ya era bastante tarde pero además se podían escuchar gritos desde una casa de delante de la nuestra.

Recuerdo haber escuchado claramente la voz de una mujer y un hombre gritándole a alguien más “No lo hagas, no lo hagas por favor!”. Después de eso escuche dos disparos y todos nos quedamos aterrados, el hombre gritaba “¡no!” y después de otros dos disparos, no se volvió a escuchar nada.

 

No duramos mucho más en esa casa y después de platicarlo todos, se decidió mudarnos de regreso a Boulevares. ¡Bien lejos!

 

Pedro Tovar López

 

Si tienes una historia sateluca que quieras compartir con la comunidad, CONTÁCTANOS.